MISA DE GRADUACIÓN, PONCE, 2007

Durante toda la segunda quincena del mes de mayo se ha estado celebrando en La Aparecida, Brasil, la Quinta Asamblea General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, bajo el lema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida”, basado en el texto evangélico: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn.14,6).

Fue precedida la Conferencia por la visita del Papa Benedicto XVI, que fue quien inauguró la V Conferencia.

Se trata de un acontecimiento eclesial de primera magnitud. Me atrevería a decir que después de un Concilio Ecuménico, es posiblemente la convocatoria más importante que se hace a nivel eclesial. Por algo se le ha llamado al continente latinoamericano el continente de la esperanza. En el se concentra la fuerza más grande del catolicismo.

Se espera mucho de esta Quinta Conferencia, preparada y consultada desde la base. Se pidió la participación a los distintos estamentos de la Iglesia, grupos, movimientos, jóvenes, parroquias, colegios, universidades, en orden a una renovación y revitalización y en orden a un llamado misionero dinámico y actualizado.

El punto de partida que se propone en la Quinta Conferencia es el encuentro con Jesucristo, como fundamento del discipulado y de la misión, el tema de la Conferencia. “Todo lo considero pérdida al lado de la experiencia superior de haber conocido a Cristo, Jesús, mi Señor” (Filp. 3,8) dirá San Pablo como para dar razón de su apostolado. El Papa Juan hablo II había dicho con anterioridad que “el encuentro con Jesucristo vivo” es el punto de partida de toda acción pastoral. Toda pastoral requiere primero, entrar en comunión de vida y de misión con Jesucristo.

Al celebrar esta Eucaristía al final de curso, de carrera, y como parte de los actos de graduación, quisiera invitar a los graduandos a estar atentos a la corriente renovadora de la Iglesia en Latinoamérica y en el Caribe, y hacer de Jesucristo el centro de la vida. Si la Universidad os dio el conocimiento y la preparación para ejercer una profesión, por el encuentro con Cristo podemos conocer quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Ciertamente el hombre, el ser humano, necesita de un guía que lo acompañe. Y ese guía se llama Cristo.

Vivimos en un mundo cada vez más secularizado, principalmente en Occidente. Los Estados viven de espaldas a Dios, al menos en sus leyes contra la vida, la dignidad del matrimonio y la familia, y la violación de los derechos humanos en materia de educación, libertad religiosa y otros. Se hace cada vez más urgente la defensa de la vida y de la dignidad de la persona humana, ejes y fundamento de toda convivencia. Se habla de paz, pero se quebranta la justicia y la libertad columnas sobre las que tender el puente de la paz. Los derechos humanos fundamentales se ignoran, y la violencia y las guerras se convierten en patrimonio de los hombres. En un mundo que se está alejando cada vez más de Dios, entenderéis el por qué la llamada a encontrarse con Cristo, a reencontrarse con Cristo.

A punto de la graduación y abandonar la Universidad, son muy oportunas las palabras que el Papa Juan Pablo II dirigiera a los jóvenes, en la víspera de iniciar el tercer milenio: “Vosotros vais a ser los primeros protagonistas del tercer milenio… Sois vosotros, jóvenes los que vais a trazar los caminos de esta nueva etapa”. Yo os podría decir, parodiando las palabras de Juan Pablo II: Vosotros, queridos graduandos sois los profesionales que vais a construir el tercer milenio…sois vosotros los que vais a decidir el futuro del planeta tierra.

“Nunca podemos decir basta, porque la caridad de Dios es infinita y el Señor nos pide ensanchar nuestro corazón para que en él haya cada vez más amor, más bondad, más comprensión…”

Lo que hagáis en el presente, prepara vuestro futuro. Lo que sembréis ahora, recogeréis más tarde. El mañana depende mucho del hoy, de la juventud. Mis queridos graduandos, sois la esperanza, tenéis por delante toda una vida. Es una sola, es única. No la dejéis pasar en vano, no la desperdiciéis. Vivid con entusiasmo, os dice el papa Benedicto XVI, con alegría, pero sobre todo con sentido de responsabilidad.

Queridos graduandos y graduandas: os miro, y os miro con amor, como Jesús miró a aquel joven que se le acercó para preguntarle qué debía hacer para entrar en el reino de los cielos. Y Jesús le respondió: Guarda los mandamientos… Y cuando el joven le dice a Jesús que los ha guardado desde su niñez, Jesús lo miró complacido, con amor.

Queridos graduandos y graduandas, sois jóvenes, universitarios, profesionales en el sentido de que habéis adquirido un Diploma. Llenos de sueños, proyectos, ilusiones y esperanzas Me gustaría que tomarais conciencia y poderos decir también, sois los jóvenes de la Iglesia, a los que poder decir lo que el Papa Benedicto XVI les ha dicho a los jóvenes en Brasil: “Por eso yo os envío a la gran misión de evangelizar a los muchachos y muchachas que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor... Sed los apóstoles de los jóvenes. Invitadlos a caminar con vosotros, a hacer la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor.

Siempre he entendido y me he imaginado así a un joven universitario católico, formado intelectual y profesionalmente como el mejor; pero al mismo tiempo convencido y comprometido con la fe. El Papa os acaba de dar este significativo título de apóstoles de los jóvenes. ¿Quién mejor para atraer un joven que toro joven? Eso ciertamente os honraría como pioneros, como egresados de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

Podeis ser protagonistas de una sociedad nueva si os esforzáis por poner en práctica una conducta concreta inspirada en los valores morales universales, pero también un compromiso personal de formación humana y espiritual de vital importancia.
“Un hombre y una mujer que no estén preparados para afrontar los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su ambiente, serán presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más activos en todos los niveles”

“Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco que irradie paz y alegría; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural.

El Papa también espera que los jóvenes traten de santificar su trabajo, haciéndolo con competencia técnica y con diligencia… Pero el Papa espera, sobre todo, que sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y fraterna, cumpliendo sus obligaciones ante el Estado respetando sus leyes; no dejándose llevar por el odio y por la violencia, siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, y distinguiéndose por al honradez en las relaciones sociales y profesionales…

En definitiva existe un inmenso panorama de acción en el cual las cuestiones de orden social económico y político adquieren un relieve particular, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la doctrina social de la Iglesia.

(Homilía pronunciada por Mons. Félix Lázaro Martínez, Sch. P
Obispo de Ponce en la Misa de Graduación de la PUCPR, en
Santa Maria Reina, el 31 de mayo de 2007)